La Encuesta Nacional de Salud Familiar de 1998 (FESAL-98), es la séptima de una serie de encuestas que desde 1973 ha venido realizando la Asociación Demográfica Salvadoreña (ADS), para estudiar los diferenciales y las tendencias de la fecundidad y la prevalencia del uso de anticonceptivos en El Salvador, incorporando a partir de 1985, importantes temas relacionados con la salud materna e infantil. Los resultados de esta serie de encuestas permiten mantener una evaluación periódica del proceso de adopción de los servicios de salud reproductiva.
Al poner a disposición el presente informe final de FESAL-98, las instituciones participantes en su ejecución, mantenemos como principal propósito, satisfacer las necesidades de información de las instituciones y personas que dedican esfuerzos para implantar políticas, estrategias, programas y proyectos que contribuyan a mejorar la calidad de vida y particularmente la salud de los(las) salvadoreños(as).
Para la realización de la encuesta FESAL-98, se seleccionó una muestra probabilística, aleatoria y representativa al nivel de departamento, que es la división administrativa primaria de la República de El Salvador. Su tamaño es de 20,760 viviendas distribuidas en 692 segmentos censales. Del departamento de San Salvador se seleccionaron 4,500 viviendas distribuidas en sus 5 zonas identificadas como "Departamentales" por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), para lograr una representatividad similar a la del resto de departamentos del país.
Con el trabajo de campo realizado entre el 27 de abril y el 15 de noviembre de 1998, se identificó un total de 13,425 viviendas con mujeres en edad fértil de 15 a 49 años de edad, elegibles para entrevista y se entrevistaron 12,634 mujeres, logrando obtener una tasa de entrevistas completas de 94.1 por ciento.
De acuerdo con los resultados de las encuestas FESAL-93 y FESAL-98, los cambios en la distribución de las mujeres por edad y número de hijos(as) vivos(as) al momento de la entrevista fueron mínimos, no así con respecto al nivel educativo. En los últimos 5 años, el grupo de mujeres sin educación formal descendió 2.7 puntos porcentuales, pero el grupo con 10 ó más años de escolaridad ascendió 4 puntos. En este mismo período también se observan mejorías en cuanto a la tenencia de bienes y servicios en la vivienda que pueden influir en las condiciones de salud, así como en las comunicaciones.
La tasa global de fecundidad (TGF) de las mujeres de 15 a 49 años de edad ha descendido de 3.9 hijos(as) por mujer en el período 1988-1993 a 3.6 en el período 1993-1998, descenso que fue más notorio en el grupo de 35 a 39 años y en los grupos con menos de 7 años de escolaridad. La TGF de El Salvador se ubica en el segundo lugar entre las más bajas de la región de Centro América, después de la TGF de Costa Rica estimada en 2.4 hijos(as) por mujer.
En El Salvador, los niveles más altos de fecundidad se encuentran entre los siguientes grupos de mujeres: Sin educación formal o del nivel socioeconómico bajo (alrededor de 5 hijos/as por mujer), las que viven en el área rural (4.6), las que no cuentan con un trabajo remunerado (4.1). La TGF presenta una variación por departamento que va de 2.8 hijos(as) por mujer en San Salvador a 5.2 en Cabañas.
Las edades medianas de la primera relación sexual (18.5 años) y al primer nacimiento (20.5 años) casi no han cambiado en los últimos 25 años, pero la edad mediana a la primera unión ha subido de 19.1 a 20.3 años, lo cual implica que la tasa de embarazos premaritales se ha incrementado. Es evidente que el nivel educativo de la mujer influye de forma determinante en la fecundidad. La edad mediana a la primera relación sexual entre las mujeres que tienen 10 ó más años de escolaridad es 5.3 años mayor que entre quienes no tienen educación formal, 6.1 años para la primera unión marital y 5.4 años para el primer nacimiento. Por otra parte, la mediana de los intervalos después del nacimiento es alrededor de 2 años mayor en el primer grupo que en el segundo.
Atendiendo a los resultados de FESAL-98, el 64.7 por ciento de los nacimientos en los últimos 5 años fue planeado, el 20.4 por ciento fue deseado pero no planeado y un 15 por ciento no deseado. Los mayores porcentajes de hijos(as) no deseados(as) se encuentran en los siguientes grupos de mujeres: Las solteras (26.7), con 7 ó más hijos/as (25.5), de 30 a 49 años (19.9), o entre las que no tienen educación formal (18.4 por ciento). Estos hallazgos son consistentes con los que se encuentran al desglosar la fecundidad observada en deseada y no deseada, ya que la TGF deseada para los últimos 5 años es de 3 hijos(as) por mujer, la cual resulta ser el 16 por ciento menor que la TGF observada (3.6 hijos/as por mujer). La TGF deseada expresa el nivel de fecundidad que teóricamente resultaría si todos los nacimientos no deseados se hubieran evitado.
También es importante considerar que al momento de la entrevista el 78.2 por ciento de las mujeres casadas/unidas de 15 a 44 años de edad no deseaban tener un embarazo, ya que el 27.2 por ciento quería posponerlos y el 51 por ciento limitarlos. El porcentaje de mujeres que ya no desea tener más embarazos aumenta con la edad, pasando del 8.5 por ciento en el grupo de 15 a 19 años al 84.4 por ciento en el grupo de 40 a 44 años.
En El Salvador, el 97 por ciento de las mujeres de 15 a 44 años de edad ha oído hablar al menos de un método anticonceptivo, siendo los más conocidos los orales (92.7 por ciento) la esterilización femenina (91.4 por ciento), y los condones (90.5 por ciento). El conocimiento de al menos un método anticonceptivo es relativamente alto aún entre las mujeres solteras (92.6 por ciento).
La prevalencia en el uso de métodos anticonceptivos entre las mujeres casadas/unidas de 15 a 44 años de edad ascendió del 53.3 por ciento en 1993 al 59.7 por ciento en 1998, incremento que obedece principalmente al uso de métodos temporales. El uso ascendió 6.5 puntos porcentuales en el área urbana y 5.6 en el área rural, llegando al nivel del 68 por ciento entre las primeras y del 51 por ciento entre las segundas. Atendiendo a la edad, los mayores incrementos se dieron entre las mujeres menores de 25 años.
El Salvador tiene una prevalencia de uso de anticonceptivos similar a la de Nicaragua, pero es 15 puntos porcentuales menor que la de Costa Rica (74.8 por ciento). Honduras está 10 puntos porcentuales abajo de El Salvador y Guatemala 28 puntos.
La esterilización femenina es el método de mayor prevalencia en el país (32.4 por ciento) seguida de la inyección y los orales (con un 9 y 8 por ciento, respectivamente), métodos que se mantienen como los tres más usados, independientemente del área o departamento de residencia. El uso de la esterilización femenina empieza a ser relativamente alto a partir de los 25 años de edad y cuando las mujeres ya tienen dos hijos(as) actualmente vivos(as). A pesar de que la esterilización femenina es el método de mayor prevalencia en el país, las mujeres que optan por la esterilización como su primer método, esperan tener en promedio 3.4 hijos(as) vivos(as), 26.3 años de edad y 8.3 años después de su primera unión conyugal.
La prevalencia total de uso de anticonceptivos varía de un 38 por ciento en el departamento de Cabañas a un 71 por ciento en San Salvador y a excepción del departamento de La Paz, en todos los departamentos el uso en las áreas urbanas es mayor que en las rurales. Dicha prevalencia aumenta con la edad, el nivel educativo o el socioeconómico, pero no presenta mayor diferencia atendiendo a la religión que profesan las mujeres.
Relacionando la prevalencia de uso de anticonceptivos con la fuente de obtención, se puede mencionar que del incremento antes descrito de 6.4 puntos porcentuales en la prevalencia al nivel nacional, 3.2 puntos obedecen al incremento de la cobertura del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), 2 puntos a la cobertura del MSPAS y 1.2 puntos a la ADS.
De cada 10 mujeres casadas/unidas de 15 a 44 años de edad, 4 no estaban usando un método anticonceptivo en los 30 días previos a la entrevista, proporción constituida por el 17.6 por ciento que había usado, pero no estaba usando y el 22.7 por ciento que nunca ha usado un método. El porcentaje del área rural que nunca ha usado duplica al del área urbana (31.1 y 14.7 por ciento, respectivamente) y varía del 13.3 por ciento en San Salvador al 45.2 por ciento en Cabañas.
Entre las mujeres que han usado, pero que no usan actualmente, las dos principales razones para dejar de usar fueron el deseo de embarazo (30.5 por ciento) y haber experimentado efectos colaterales (27.5 por ciento). Esta segunda razón adquiere el primer lugar para dejar de usar los orales (37.7 por ciento) o los inyectables (33.3 por ciento).
Entre las mujeres que no usan actualmente, (hayan usado o no en su vida reproductiva), dos de cada tres mencionaron una razón para no usar que está relacionada con el embarazo, la fecundidad o la actividad sexual. La proporción restante mencionó una razón sociocultural que puede ser contrarrestada mediante la ampliación de programas robustos de información, educación o comunicaciones, especialmente los interpersonales. Entre este segundo grupo de razones sobresale el temor a los efectos colaterales (12.3 por ciento) y es mucho mayor que el porcentaje que reporta haberlos experimentado (2.2 por ciento).
Del total de mujeres casadas/unidas de 15 a 44 años de edad que no usan actualmente, el 52.4 por ciento desea usar un método anticonceptivo en el presente o en el futuro y de ellas, el 89.3 por ciento conoce donde obtenerlos. Los tres métodos mencionados como los de mayor demanda potencial son la inyección, la esterilización femenina y los orales, con el 37.4, 23 y 18 por ciento de preferencia, respectivamente. El MSPAS es la fuente potencial de anticonceptivos más mencionada, independientemente del método preferido.
De acuerdo a las características de las mujeres de 15 a 44 años de edad, se estima que el 8.2 por ciento necesita los servicios de planificación familiar, ya que no están embarazadas ni desean un embarazo en la actualidad, son fértiles, están activas sexualmente y no están protegidas contra el riesgo de un embarazo no deseado. La proporción que necesita los servicios resultó ser especialmente alta entre las que tienen 5 ó más hijos/as vivos/as (19.1 por ciento), las que no tienen educación formal (15 por ciento), las casadas/unidas (14.2 por ciento) y entre las que viven en el área rural (12.1 por ciento). Sin embargo, cabe señalar que del total de mujeres que están a riesgo de un embarazo no deseado, sólo el 42.8 por ciento tiene intenciones de usar un método anticonceptivo.
Las mujeres de 15 a 24 años de edad representan el 42 por ciento del total de mujeres en edad fértil de 15 a 49 años. Entre las principales características de este importante sector de la población, se encuentra que un 26 por ciento del grupo de 15 a 19 años está o ha estado casada/unida y que esta proporción asciende a un 60 por ciento entre las de 20 a 24 años de edad. Entre las primeras, el 20 por ciento tiene al menos un(a) hijo(a) actualmente vivo(a), pero entre las segundas la cifra asciende a 58.6 por ciento. El 48.8 por ciento tiene experiencia sexual, y según los hallazgos, fue más frecuente que su primera relación fuera premarital (30.5 por ciento) que marital (18.3 por ciento). La proporción cuya primera relación sexual fue premarital asciende rápidamente del 7.1 por ciento entre las de 15 años de edad a un 33 por ciento entre las de 19 años y sigue ascendiendo hasta alcanzar un 46 por ciento en el grupo con 24 años de edad.
Sólo una de cada 10 mujeres de 15 a 24 años de edad usó algún método anticonceptivo en su primera relación sexual, proporción que varía del 4.2 por ciento cuando ésta fue marital al 12.6 por ciento cuando fue premarital. El método más usado fue el condón, seguido del retiro, el ritmo y los orales. Entre aquellas cuya primera relación fue marital y no usaron, las razones más frecuentes para no hacerlo fueron que deseaba quedar embarazada (39.2 por ciento), que no los conocía (19.7 por ciento) o que el compañero sexual se opuso (15.4 por ciento). Por su parte, entre las que fue premarital y no usaron, las dos razones más frecuentes fueron que no esperaba tener relaciones en ese momento (39.7 por ciento) o el desconocimiento de los métodos (24.3 por ciento).
La mayoría de las mujeres que han tenido experiencia sexual han tenido al menos un embarazo (48.8 y 42.4 por ciento, respectivamente), pero al contrario de la primera relación sexual, es mayor el porcentaje de embarazos que se clasifican como maritales que el de premaritales (24.5 contra 17.9 por ciento). En forma similar a la experiencia sexual, el porcentaje con experiencia de embarazo asciende del 6.5 por ciento entre las que tienen 15 años de edad al 42.3 por ciento entre quienes tienen 19 y hasta el 72.3 por ciento en el grupo de 24 años de edad.
Aproximadamente uno de cada 4 de los primeros embarazos se dieron cuando la mujer pensaba que no podía salir embarazada, proporción que resultó ser el doble cuando el embarazo se clasifica como premarital (34.2 por ciento) respecto a los clasificados como maritales (15.9 por ciento). Las 4 razones más frecuentes para pensar de esta manera fueron: "Era la primera vez", "No tenía relaciones frecuentes", "Creía que no tenía la edad" y " Creía que no era fértil". Por otra parte, 3 de cada 10 mujeres no planearon su primer embarazo, proporción que varía del 20.8 por ciento entre los clasificados como maritales al 45.7 por ciento para los premaritales. Probablemente estas cifras serían menores si la educación en salud sexual y reproductiva fuera generalizada en el sistema educativo, pero sólo un 58 por ciento de las mujeres de 15 a 19 años reporta haber recibido información sobre el embarazo en los centros educativos. Una proporción aún menor (52 por ciento) reportó haber recibido información sobre los métodos anticonceptivos.
Como consecuencia del primer embarazo, un 73 por ciento que estudiaba cuando supo que estaba embarazada no volvió a estudiar y un 47 por ciento que trabajaba no volvió a trabajar, después de que terminó el embarazo. Para ambas situaciones la principal razón fue que no tenía con quien dejar al(a) niño(a), seguida de que ya no le quedaba tiempo.
Del total de mujeres de 15 a 49 años de edad, el 5.8 por ciento reportó haber sido forzada a tener relaciones sexuales, cifra que en números absolutos representa un total de 91,673 mujeres. La declaración de este suceso que afecta la salud sexual y reproductiva de la mujer, fue relativamente mayor entre las que viven en el área urbana (7.1 por ciento), las del nivel socioeconómico alto (7.3 por ciento) y las que tienen de 7 a 9 años de escolaridad (8 por ciento).
La razón de mortalidad materna estimada al nivel nacional en 120 defunciones por cien mil nacidos(as) vivos(as), para el período 1988-98, no presenta una diferencia significativa con la razón de mortalidad estimada en 158 por cien mil, para el período 1983-93. Ello se afirma porque al aplicarle el intervalo de confianza del 95 por ciento a la última estimación, la tasa se mueve en un rango de 83 y 157 defunciones por cien mil nacidos(as) vivos(as).
El uso oportuno y adecuado de los servicios de salud materna puede contrarrestar los riesgos de morbilidad y mortalidad. Los resultados indican que de todas las mujeres de 15 a 49 años de edad que ya han tenido experiencia sexual, el 79.2 por ciento se ha hecho en alguna oportunidad el examen de citología cérvico vaginal, el 65.1 por ciento en los dos últimos años, pero en el último año sólo el 47.3 por ciento se lo había hecho. Alrededor del 80 por ciento supo el resultado del último examen, pero sólo el 45 por ciento de ellas lo supo antes de que transcurriera el primer mes posterior a la toma del mismo.
Del total de niños(as) nacidos(as) vivos(as) entre marzo de 1993 y febrero de 1998, el 76 por ciento de las madres tuvo al menos un control prenatal, pero sólo el 57.2 por ciento lo tuvo durante el primer trimestre de embarazo y sólo un 59 por ciento tuvo un mínimo de 5 controles, como lo establecen las normas del MSPAS. El porcentaje que tuvo su primer control prenatal durante el primer trimestre varía del 66 por ciento en el área urbana al 50.3 por ciento en la rural y del 68.3 por ciento en el departamento de San Salvador al 41.1 por ciento en Sonsonate. Esta proporción se incrementa con el nivel educativo o socioeconómico de la mujer. El toxoide tetánico fue aplicado en aproximadamente 9 de cada 10 embarazos que terminaron en nacidos(as) vivos(as) entre marzo de 1993 y febrero de 1998, pero sólo 2 de cada 3 recibieron al menos 2 dosis.
Del total de nacidos(as) vivos(as) en el período antes mencionado, el 58 por ciento de los partos tuvo atención intrahospitalaria. Esta cifra desciende de un 78 por ciento en el área urbana a un 43 por ciento en el área rural y de alrededor del 83 por ciento en el departamento de San Salvador al 36 por ciento en Chalatenango. La probabilidad de recibir atención intrahospitalaria del parto se incrementa con el nivel educativo y el nivel socioeconómico.
El control postparto resulta ser el servicio de salud materna menos utilizado en El Salvador, ya que sólo el 43.3 por ciento de las madres recibieron este servicio. El 9.3 por ciento tuvo el primer control antes de cumplir el primer mes postparto y el 29 por ciento en el transcurso del segundo. Acumulando estas 2 cifras se puede decir que sólo en el 38.3 por ciento de los casos se cumplió con la norma establecida por el MSPAS, en cuanto a que el primer control postparto debe recibirse en las primeras 8 semanas.
En cuanto al módulo de morbilidad materna, los resultados indican que el 94.7 por ciento de los últimos embarazos ocurridos a partir de enero de 1996 resultaron en nacidos(as) vivo(as), el 4.2 por ciento en pérdida o aborto y el 1.1 por ciento en mortinato. De los embarazos que terminaron en pérdidas, el 75.4 por ciento de los casos fue hospitalizado y al 6.5 por ciento le hicieron transfusión sanguínea.
De los últimos embarazos ocurridos a partir de enero de 1996 y que terminaron en nacidos(as) vivos(as) o nacidos(as) muertos(as), el 5.2 por ciento reportó haber tenido la presión alta durante el embarazo, lo cual sugiere la presencia de posible preeclampsia, ya que no tenían antecedentes de dicha morbilidad previo al embarazo. El 1.6 por ciento reportó que tuvo ataques o convulsiones durante el embarazo o el parto, lo cual sugiere una posible eclampsia. La frecuencia en que fueron reportadas las otras morbilidades investigadas fueron las siguientes: El 15.3 por ciento desmayos, el 3.9 por ciento sangrado ligero (manchó la ropa interior), el 0.2 por ciento sangrado moderado (manchó la ropa exterior) y el 0.7 por ciento sangrado severo (manchó la ropa de cama).
Durante el parto, el 9.8 por ciento reportó ruptura prematura de membranas y el 2.8 por ciento ruptura prolongada, el 7.8 por ciento que el parto fue prolongado y el 10.9 por ciento que tuvo retención placentaria. En el período postparto el 24.7 por ciento reportó que había tenido sangrado intenso por la vagina, alrededor del 20 por ciento fiebre alta o dolor al orinar, el 12.3 por ciento flujo vaginal con mal olor y el 4.7 por ciento infección en las mamas.
La tasa general de parto por cesárea para el período 1996-98 es de 15.7 por ciento, lo cual refleja un ligero incremento desde el 13.4 por ciento encontrada en el período 1991-93. La actual tasa general está compuesta por el 7 por ciento reportada como programada y el 8.7 por ciento como de emergencia y presenta grandes diferencias por área de residencia, nivel socioeconómico o educativo, llegando al 29.4 por ciento entre las que tienen 10 ó más años de escolaridad, lo cual probablemente presenta una alta correlación con el lugar de atención del parto. Al restringir el análisis sólo a los partos intrahospitalarios, la tasa total de partos por cesárea asciende al 24.7 por ciento, siendo más alta la de emergencia (13.5 por ciento) que la programada (11.2 por ciento) y varía del 23.4 por ciento en los establecimientos del MSPAS al 41.5 por ciento en los hospitales o clínicas privadas.
En El Salvador, la mayoría de las mujeres de 15 a 49 años de edad (91 por ciento) ha oído hablar del Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA), pero entre ellas sólo 3 de cada 4 saben que una persona puede estar infectada con el VIH y no presentar síntomas. También se encontró que un 15 por ciento cree que existe curación para el SIDA y sólo un 28 por ciento considera que tienen algún riesgo de infectarse con el VIH.
Existe un alto conocimiento de las vías o mecanismos de infección documentados, que varía de un 98 por ciento para "Relaciones sexuales entre hombre y mujer" a un 92 por ciento "Al dar pecho una madre con VIH/SIDA". Los mecanismos no documentados considerados por la población como medios de transmisión, varían de un 15 por ciento "Al besar la frente" a un 92 por ciento "Al utilizar hojas de afeitar ya usadas".
Entre las mujeres que han oído hablar del SIDA, un 48 por ciento mencionó espontáneamente 2 formas ó más de prevenir la infección del VIH, cifra que varía de un 54 por ciento en el área urbana a un 41 por ciento en la rural y de un 56 por ciento en el departamento de San Salvador a un 33 por ciento en el departamento de Ahuachapán.
Entre las mujeres con experiencia sexual que han oído hablar del SIDA, sólo el 0.3 por ciento ha usado el condón para evitar infectarse del VIH y su uso para este fin ha sido muy escaso, incluso entre las que consideran tener mucho riesgo de contraerlo (1.1 por ciento). Entre las que nunca lo han usado, la razón más frecuente es que a la pareja no le gusta (36.9 por ciento), seguida de que tiene una sola pareja sexual o que usa otro método (alrededor del 11 por ciento cada una).
Cuatro de cada 10 mujeres con actividad sexual reciente que han oído hablar del SIDA y de los condones tienen la disposición de usar el condón si la pareja sexual lo propusiera y prácticamente 3 de cada 10 consideran que la pareja sexual aceptaría si fuera ella la que propone el uso.
La tasa de mortalidad infantil estimada para el período 1993-98 es de 35 defunciones por mil nacidos(as) vivos(as). Esta tasa refleja un descenso de la estimada en la encuesta FESAL-93 que era de 41 por mil nacidos(as) vivos(as). El descenso se explica por una disminución en la mortalidad neonatal, ya que la tasa de mortalidad postneonatal no ha cambiado. Prácticamente la mitad de las muertes infantiles ocurren en el período neonatal. Para los(las) menores de 5 años, la tasa de mortalidad ha disminuido de 52 por mil en el período 1988-93 a 43 por mil en el período 1993-98. En este segundo período, la tasa de mortalidad infantil se mantiene más alta en el área rural que en la urbana (41 contra 27 por mil). Sin embargo, aún la tasa de mortalidad infantil del área urbana de El Salvador resulta ser más que el doble de la estimada al nivel nacional para Costa Rica (12 por mil).
La mortalidad en la niñez (1 a 4 años) se ve claramente asociada al nivel socioeconómico de la vivienda, ya que asciende de una defunción por mil entre los(las) del nivel alto a 5 por mil en el nivel medio y hasta 11 por mil en el nivel bajo.
La mortalidad infantil está fuertemente asociada al espacio intergenésico, a la edad de la madre al momento del parto y a la paridad previa. Los(las) niños(as) que nacen con intervalos intergenésicos de 24 a 35 meses, cuando los nacimientos son del segundo o tercer orden, o cuando las madres tienen entre 20 y 39 años de edad, tienen las menores tasas de mortalidad infantil (24, 30 y 31 por mil, respectivamente). En cambio, los(las) niños(as) que nacen con intervalos intergenésicos menores de 24 meses, cuando los nacimientos son del séptimo o mayor orden, o cuando las madres tienen 40 ó más años de edad, tienen las tasas más altas de mortalidad infantil (41, 54 y 72 por mil, respectivamente).
Los resultados también confirman que la mortalidad neonatal está asociada a las características del embarazo y parto, ya que asciende de 12 por mil entre los nacimientos cuyas madres recibieron el primer control prenatal durante el primer trimestre, a 30 por mil para los embarazos que no recibieron dicho servicio, y de 7 por mil para los(las) niños(as) que pesaron 2.5 Kgs. o más al nacer, a 34 por mil para quienes tuvieron bajo peso (menos de 2.5 Kgs.), llegando a 37 por mil entre los(las) que no fueron pesados(as) o para quienes las madres no lograron especificarlo. El diferencial es especialmente amplio de acuerdo a la edad gestacional al nacimiento. La tasa de mortalidad neonatal para los(las) que nacieron de acuerdo a la edad esperada es de 14 por mil, en cambio para los(las) prematuros(as) es de 55 por mil.
Cabe señalar que debido al tamaño de la muestra, también fue posible estimar la tasa de mortalidad perinatal, la cual resultó ser de 26 por mil embarazos viables (nacidos/as vivos/as o nacidos/as muertos/as). La tasa de nacidos(as) muertos(as) representa la mitad de la mortalidad perinatal y la tasa de mortalidad neonatal temprana (0 a 7 días) representa alrededor de las tres cuartas partes de la tasa de mortalidad neonatal estimada en 17 por mil nacidos(as) vivos(as).
La lactancia materna es reconocida en todo el mundo como un factor determinante de la sobrevivencia infantil. En El Salvador, el porcentaje de niños(as) amamantados(as) en alguna oportunidad subió levemente entre 1993 y 1998 (de 93.0 a 94 por ciento). El aumento fue similar en el área urbana y la rural. En el mismo período se observan incrementos en la duración promedio de cualquier tipo de lactancia materna, tanto al nivel de país, como en cada área de residencia. Para el caso, al nivel nacional este incremento fue de 15.5 a 17.1 meses.
A diferencia de la duración promedio de cualquier tipo de lactancia, la lactancia completa, que incluye la lactancia exclusiva o la predominante, definida esta última como pecho y agua u otros líquidos, no incluyendo otro tipo de leche, tuvo una duración promedio de 2.7 meses, pero la lactancia exclusiva (únicamente leche materna), sólo duró 0.9 meses para el total de niños(as) que nacieron vivos(as) en los 5 años previos a la entrevista.
Del total de niños(as) menores de 4 meses, el 21.2 por ciento recibió lactancia exclusiva y el 28.3 por ciento recibió lactancia predominante. El restante 50.5 por ciento está conformado por el 7.3 por ciento que no recibió ningún tipo de lactancia, el 34.7 por ciento que además de ser amamantado(a) recibió otro tipo de leche y el 8.5 por ciento que además recibió atoles o purés. Por lo tanto, puede afirmarse que en el país, los alimentos complementarios están siendo introducidos a edades considerablemente menores a las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por el MSPAS.
Para la estimación de los niveles de desnutrición, a todos(as) los(las) niños(as) de 3 a 59 meses de edad (menores de 5 años cumplidos), se les tomó una medida de peso y una de talla en el lugar de residencia. Los resultados para cada niño(a) fueron comparados con la población de referencia internacional de NCHS/CDC/OMS. Al comparar los resultados de FESAL-98 con los de ESANES-88 y FESAL-93, se puede afirmar que entre 1988 y 1993 ocurrió un mejoramiento del estado nutricional del/a menor de 5 años, pero entre 1993 y 1998 ya no hubo mayor cambio. En este último período, el porcentaje de baja Talla-por-Edad sólo varió de 22.8 a 23.3 por ciento y el porcentaje con bajo Peso-por-Edad de 11.2 a 11.8 por ciento. Los resultados de FESAL-98 indican que los niveles más altos de desnutrición crónica se encuentran entre los(las) niños(as) que viven en el área rural (29.7 por ciento), en los departamentos de Cuscatlán, Ahuachapán, Sonsonate y Morazán (35, 33, 30 y 28 por ciento, respectivamente), entre los(as) hijos(as) de mujeres con menos de 4 ó ningún grado de escolaridad (30.4 y 36.9 por ciento, en su orden), entre los(las) del nivel socioeconómico bajo (31.2 por ciento), los(las) que tienen de 48 a 59 meses de edad (30.6 por ciento), los(las) que nacieron con bajo peso (33.7 por ciento), o que fueron prematuros/as (31.9 por ciento).
Para los(las) niños(as) de 12 a 59 meses de edad y las madres de niños(as) de 3 a 59 meses, también se estimó la prevalencia de anemia, tomando una muestra de sangre capilar en el lugar de residencia, la cual fue analizada inmediatamente en un "Hemocue". Los resultados indican que un 19 por ciento de los(las) niños(as) presentan anemia, cifra que no presenta variación por área de residencia, pero según departamento se mueve en un rango del 13 por ciento en Chalatenango al 28 por ciento en La Paz. Según la edad del(a) niño(a) la prevalencia de anemia desciende de un 42 por ciento entre los(las) de 12 a 17 meses a un 8 por ciento entre los(las) que tienen de 48 a 59 meses de edad. La prevalencia de anemia en las madres fue de un 9 por ciento, la cual tampoco presenta mayor variación por área de residencia, pero oscila entre un 4 por ciento en Santa Ana y alrededor del 13 por ciento en La Paz y Morazán.
Del total de niños(as) que nacieron entre marzo de 1993 y febrero de 1998, el 90 por ciento tuvo al menos un control del crecimiento y desarrollo del(a) menor de 5 años y el 75 por ciento estaba sano(a) cuando fue atendido(a) por primera vez. En general se puede mencionar que el 75 por ciento de los(las) niños(as) recibió el primer control antes de cumplir 2 meses de edad (el 32 por ciento antes de cumplir el primer mes de edad y el 43 por ciento antes de cumplir el segundo). Los establecimientos del MSPAS son la principal fuente para este servicio, ya que en ellos se atendió al 81 por ciento de los(las) niños que lo recibieron. Esta cifra varía del 91 por ciento para quienes residen en el área rural al 68 por ciento para quienes residen en la urbana y de un 95 por ciento en el departamento de La Unión a un 66 por ciento en San Salvador. Por su parte el ISSS tiene su mayor participación con este servicio en el área urbana (20.1 por ciento) y en los departamentos de La Libertad y San Salvador (14.5 y 24.7 por ciento, respectivamente).
Como parte del análisis del control del crecimiento y desarrollo del(a) menor de 5 años, en la encuesta se indagó sobre la edad a la cual los(las) niños(as) empezaron a sentarse y a caminar, diferenciando en ambos eventos, cuando comenzó con ayuda y cuando lo hizo sin ayuda. Los porcentajes que iniciaron los eventos a edades tardías son los siguientes: 7.7 por ciento a sentarse con ayuda, 2.9 por ciento a sentarse sin ayuda, 3.3 por ciento a caminar con ayuda y el 6 por ciento a caminar sin ayuda.
Los resultados de FESAL-98 indican que los niveles de inmunización de los(las) niños(as) menores de 5 años, entendidos como esquemas completos de vacunación contra la Tuberculosis (BCG), Poliomielitis (Polio), Difteria-Tétano-Tosferina (DPT) y el Sarampión, se han incrementado en los últimos 5 años, pero los incrementos han sido mayores en el área rural, siendo la BCG la que muestra el mayor incremento (de 83.8 por ciento en 1993 a 93.8 por ciento en 1998). En resumen, al nivel de país, la cobertura con las 4 vacunas para el total de menores de 5 años se ha incrementado del 75.3 por ciento al 78.5 por ciento, lo cual obedece a lo ocurrido en el área rural, donde el incremento fue del 72.7 por ciento al 78.4 por ciento, ya que en el área urbana se mantuvo similar (78.7 y 78.6 por ciento). Todas estas estimaciones sobre los niveles de inmunización están basadas, tanto en las dosis documentadas en el carné de vacunación, como en las dosis que la madre reportó que el(la) niño(a) tenía aplicadas, sin mostrar documentación alguna.
El análisis de la salud de los(las) niños(as) menores de 5 años también comprende las estimaciones de prevalencia y tratamiento de las enfermedades diarreicas, así como de las infecciones respiratorias. Ello obedece a que estas morbilidades han sido las causas más frecuentes de mortalidad postneonatal y en la niñez salvadoreña.
Del total de niños(as) menores de 5 años de edad, alrededor del 20 por ciento tuvo diarrea en las últimas dos semanas previas a la entrevista. El porcentaje reportado en el área rural (22 por ciento) es 5 puntos porcentuales más alto que en la urbana y varía de un 11 por ciento en el departamento de Santa Ana a un 32 por ciento en San Miguel. La prevalencia de diarrea es más frecuente entre los(las) niños(as) con un año cumplido (29 por ciento) y presenta una relación inversa con respecto al nivel socioeconómico o educativo de la madre.
Ya sea que fueran combinados o no con otros tratamientos, del total de niños(as) que tuvieron diarrea, el 46.6 por ciento recibió sales de rehidratación oral (sobres). También cabe señalar que durante el último episodio de diarrea, las madres dieron más líquidos que los acostumbrados en un 45 por ciento de los casos, un 48 por ciento no cambió la cantidad y un 7 por ciento dio al(a) niño(a) menos líquidos que lo acostumbrado.
La prevalencia de infecciones respiratorias, definida como la presencia de al menos tos o resfriado, fue alrededor del 33 por ciento, cifra que no presenta mayor variación por área de residencia, pero se mueve en un rango que va del 25.4 por ciento en el departamento de Morazán al 41.6 por ciento en Ahuachapán. De acuerdo a las características del medio, la prevalencia de infecciones respiratorias asciende del 27.3 por ciento para los(las) niños(as) que residen en viviendas clasificadas como del nivel socioeconómico alto al 34.6 por ciento en las del nivel bajo y fue más frecuente en aquellas donde cocinan con leña/gas kerosene, o queman la basura (35.2 y 36.6 por ciento, respectivamente), que en aquellas donde utilizan otro tipo de combustible para cocinar, o que le dan otro tratamiento a la basura (30.3 y 31.2 por ciento, respectivamente). Según la clasificación de la gravedad de acuerdo a los signos y síntomas presentados, al nivel nacional el 5.9 por ciento tuvo sólo tos o resfriado, el 1.1 por ciento sibilancia, el 16.6 por ciento neumonía y el 9.3 por ciento enfermedad muy grave.
Los antibióticos fueron utilizados para el tratamiento de la mitad de los casos que tuvieron algún tipo de infección respiratoria y aún entre quienes tuvieron sólo tos o resfriado, el 36 por ciento los recibió. El uso de antibióticos no presenta mayor variación por área de residencia, ni una tendencia definida de acuerdo a la edad del(a) niño(a).
Una de las novedades de FESAL-98 es haber incursionado por primera vez en el campo de la educación, ya que el nivel educativo de la población se constituye en uno de los determinantes centrales del desarrollo económico y social de un país o región. La encuesta presentaba una oportunidad singular para ofrecer al sistema educativo nuevos elementos de juicio que le permitan evaluar el estado actual de la educación básica en El Salvador. Con este propósito, para cada hijo(a) que nació entre 1983 y 1991 se le preguntó a la madre si el(la) niño(a) había asistido a algún grado de primaria. Para quienes contestaron afirmativamente se les preguntó la edad que tenían cuando comenzaron el primer grado, cuál era el grado más alto aprobado y si estaban asistiendo a la escuela o colegio en el año escolar de 1998. Para los(las) que estaban asistiendo, si el centro educativo es privado o público, así como la colegiatura mensual pagada, en cambio, para los(las) que ya no estaban asistiendo se preguntó la edad a la cual dejaron de estudiar y la razón de abandono.
Del total de niños(as) de 7 a 14 años de edad, el 85 por ciento estaba estudiando durante el año escolar de 1998 y el 61 por ciento asistía al grado esperado o a uno superior. Los datos también indican que el 39 por ciento ha experimentado al menos una de las tres barreras para su desarrollo normal dentro del sistema educativo (entran a edad tardía, abandonan el sistema, o no progresan de grado a grado como se espera). El porcentaje que no estaba estudiando (ya sea que nunca asistió o había abandonado los estudios), asciende de un 8 por ciento entre los(las) niños(as) con 10 años de edad a un 30 por ciento entre los(las) de 14 años.
El ingreso a edad temprana al primer grado es bastante común en El Salvador, ya que según lo reportado por las madres, prácticamente uno(a) de cada tres comenzó a estudiar antes de los 7 años cumplidos. Acumulando esta proporción con la que entró de 7 años cumplidos, se puede mencionar que el 77.8 por ciento entró a primer grado con 7 ó menos años. La proporción que entró con 8 ó más años cumplidos o que aún no lo había comenzado (22.2 por ciento) asciende del 3.6 por ciento para los(las) niños(as) cuyas madres tienen 10 años o más de escolaridad, al 39 por ciento para los(las) niños(as) cuyas madres no tienen educación formal.
De los(las) niños(as) que entran al sistema educativo formal, se estima que 8 de cada 10 logran completar el sexto grado, situación que es equitativa según el sexo del(a) niño(a), pero no así por área de residencia. Mientras un 93 por ciento del área urbana completa el sexto grado, sólo el 68 por ciento tiene este logro en el área rural.
Para un 72 por ciento de niños(as) que estaban estudiando en el año 1998, las madres reportaron que la educación era gratuita, proporción que varía del 83 por ciento en las escuelas públicas a un 4 por ciento en los colegios privados y de un 87 por ciento en el nivel socioeconómico bajo a un 39 por ciento en el alto. Entre los(las) niños(as) que estudiaban en colegios privados, un 24 por ciento pagó 50 colones o menos mensualmente, un 47 por ciento pagó de 51 a 200 y un 26 por ciento de 201 a 1,000 colones mensuales de colegiatura.
Finalmente, los datos indican que 6 de cada 10 razones reportadas para que el(la) niño(a) abandonara el sistema educativo son atribuibles a la demanda y 3 de cada 10 a la oferta. El restante 10 por ciento corresponde a otras razones no especificadas. Entre las primeras, las más frecuentes fueron los problemas económicos, que el(la) niño(a) tenía que trabajar o que ya no quiso o no le gustó. Entre las segundas, las más frecuentes fueron el bajo rendimiento o que habían problemas en la escuela, sin especificar el tipo de problema.